Hoy se puede programar pidiéndole a una inteligencia artificial, con palabras, lo que uno quiere. Es un paradigma nuevo: el lenguaje natural. Pero tiene una trampa: la IA escribe código que parece correcto, y a veces no lo es.
No se acepta código que no puedas explicar. El asistente de esta lección se equivoca a propósito en una línea. Tu trabajo es encontrarla, como lo haría un arquitecto que revisa el trabajo de otro.
Para eso sirve todo lo anterior: saber qué hace la máquina, qué es un caso base, cómo busca Prolog, qué responsabilidad tiene cada clase. Sin eso, no hay forma de saber si el código está bien.
El asistente usa Claude, un modelo de IA de Anthropic. No pide cuentas ni guarda lo que escribes. Tiene un límite de pedidos por día.
Para pensar
- ¿Qué fue fácil?
- ¿Qué fue difícil?
- ¿Otro paradigma lo habría resuelto mejor? ¿Cuál y por qué?